¿Toda la fibra alimentaria es igual?

Has podido escuchar millones de veces que la fibra es esencial para evitar el estreñimiento y regular el tránsito intestinal. Lo cierto es que la fibra alimentaria cumple muchas más funciones en nuestro organismo, dependiendo de qué tipo de fibra estemos hablando, porque, al contrario de lo que muchos podéis pensar, la fibra no es toda igual. Te cuento: 

Fibra alimentaria

Fibra alimentaria soluble 

Es la que nuestros intestinos pueden aprovechar y absorber, su principal función es la de aumentar el volumen de las heces absorbiendo agua y formando una consistencia de gel, regula los niveles de azúcar en sangre -mejorando la resistencia a la insulina- y también regula los niveles de colesterol. Se fermenta mayoritariamente en el colon gracias a la flora intestinal que reside en él y enlentece el proceso de digestión, por lo que este tipo de fibra no va a ser la más adecuada para las personas que necesiten tratar un estreñimiento crónico; aunque siempre deberá estar presente debido a sus cualidades beneficiosas que aporta a nuestro ecosistema bacteriano

La podemos encontrar en el salvado de avena, cebada, nueces, semillas, psyllium, lentejas y en algunas frutas y verduras como el brócoli, naranja, manzana y espárragos, entre muchas otras. Cuando estos alimentos llegan a nuestro intestino en forma de fibra y otros nutrientes, son utilizados por nuestra microbiota para generar Ácidos Grasos de Cadena Corta –AGCC– y otros compuestos saludables, además de proporcionarnos un 10% de la energía total necesaria. 

Si no estás acostumbrado a comer mucho volumen de fibra al día puede que al empezar a introducir este tipo de alimentos notes más hinchazón y gases, debido a que tu flora bacteriana no está acostumbrada a recibir tales cantidades de fibra y necesita un proceso de adaptación más largo.  

Fibra alimentaria insoluble

Por otro lado, la fibra insoluble o no fermentable, aporta volumen a las heces y parece ayudar a que los alimentos pasen más rápidamente a través del estómago y los intestinos ya que no puede ser fermentada en el colon por nuestras bacterias. Es decir, este tipo de fibra alimentaria nos ayudará a tener un tránsito intestinal más rápido y a evitar el estreñimiento. Además, tiene un efecto protector ya que evita que las sustancias tóxicas que pueda haber en el alimento estén demasiado tiempo en contacto con la mucosa. 

Se encuentra también en la piel de algunas frutas, verduras como el brócoli, espárragos, alcachofa, apio, pimiento, coliflor, espinacas, nueces, semillas, cereales integrales y la parte externa de las legumbres.  

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